Tregua es un capítulo avanzado de una novela que ya jamás terminaré. No es ni el más redondo, ni el más esclarecedor ni el más nada. Sólo tiene música. La tuvo cuando nació. Cada tanto, recurrentemente, algunos párrafos del capítulo vuelven a mi cabeza sin que pueda establecer yo una conexión con la realidad que vivo 6 años después de haberlo escrito. Pero siendo que vuelve, pienso que volver es algo lindo.
(00:00) Track 7. Saint Germain. Pont des art. Play. Observo con ojos de loco, con la cabeza rígida como atrapada en el hielo, la chica de azul, preciosa, cruzando Av. Pellegrini, el diariero leyendo la revista Noticias, un grupo de estudiantes conversando como en una película muda, la mirada hacia arriba con religioso recelo, nubes blancas, enormes, detrás el cielo celeste y luminoso, comienzo a caminar con pasos decididos, me siento bien, me siento partícipe de una estructura enferma que sostiene otras estructuras mas altas, pero me siento como un gran ojo que levita por Rosario, los autos llegando en malones desde el río, lentamente, muy lentamente se detienen antes de la senda peatonal, la rueda frente a mí se detiene para que lea Firestone (00:31) sin necesidad de girar mi cabeza, el semáforo en rojo se pone en verde y yo estoy en el centro de la avenida, en el cantero del central, arrancan suavemente (00:46) y veo en sus interiores con impunidad, paquetes de cigarrillos sobre el asiento del acompañante, un diario, detrás dos nenas de impecable uniforme con similares peinados y apliques, otro auto, un señor mayor, elegante, de riguroso traje gris y corbata desanudada, una agenda negra a su derecha, la ventanilla apenas abierta donde un flash de mi figura se detiene algunas milésimas de segundos y me observa con asombrosa compasión antropológica, mas autos, modernos, enfrente la salida del supermercado con sus enormes ventanales vidriados, detrás de ellos un vaivén suave y desorganizado de personas, doy un paso que retardo para observar a los costados, todos los vehículos se han ido, apoyo la suela de la zapatilla derecha en el pavimento (01:25) y comienzo a andar con una incompatible alegría en los ojos que ven a Florencia articulando la música que quiero que articule, con sus trenzas pequeñas, con su mirada de tierno fantasma en sus ojos circundados por límites negros y precisos, entonces llego a la vereda opuesta, ahora ella me habla con palabras monosílabas y cada una se pronuncia en coincidencia con un diminuto clap que ha decidido ocurrir a la altura de mi parietal izquierdo, la imagen, a veces sepia, a veces con tonalidad azul, se repite en un loop perfecto e inapreciable hasta que se pierde a la altura de calle Montevideo, donde me detengo a mirar una vez mas la vidriera y las antigüedades que hay detrás del vidrio, un espejo, un reloj, unas figuritas castigadas por el sol, un ludomátic, arañas, un juego de ajedrez de madera, hermoso, mis pies quieren seguir caminando y puedo sentir una pulsión ansiosa de la sangre y de los músculos por el kick que cobija el tálamo y que mi cuerpo recibe con una predisposición casi autista y que me hace girar el cuerpo para dar un paso (02:30) rumbo a la zona del Monumento a la Bandera, unas cuantas cuadras mas adelante, tal vez diez, tal vez dos, camino por calle Montevideo entre la sombra de los árboles y cada tanto aparece un rayo de sol que me ilumina la cara para que las pestañas simulen gigantescas chispas multicolores suspendidas en el aire, atrapadas en una realidad que intercede entre mi cuerpo y los chicos que salen del colegio hablando electrónicamente con una voz de fibra óptica que me parece agudísima y distante, hasta que pasan delante de mí arrastrando sus mochilas dotadas de diminutas ruedas que rebotan en las baldosas rotas, en la misma baldosa rota de siempre, en cualquier vereda de cualquier calle de la ciudad mágica que ahora se ofrece incondicional y empieza a enconarse hacia la izquierda para que mi cuerpo se deslice hasta doblar en calle 1° de Mayo rumbo al Río Paraná, donde Florencia espera sentada en un banco del Parque España y se pregunta cosas preguntables y se pinta las uñas que se han despintado durante la clase de educación física en la que ha hecho voley, siempre voley, y ha corrido como ganado en rondas circulares y fastidiosas, aquí la pantalla wide-screen descubre ante mí (04:11) el imponente monumento erguido en honor a los colores del cielo, la bandera de la patria, celeste y blanca, banderita, banderita, te saludo con amor y te digo que te quiero con todo mi corazón, tus colores tan bonitos, cruzo calle San Juan sin mirar a los costados, un asunto peligroso si se tiene en cuenta la llegada repentina del trolebús pintado de verde y amarillo y su respiración anacrónica, y sus cuernos elevados que lo mantienen atrapado en una simbiosis posmoderna con los cables de alta tensión, y la ciudad se caen hacia abajo y mi paso se acelera brevemente (04:41) mientras una nube cubre todo el sol sobre mi cabeza, pienso en vos, sabés, no, no sabés, siempre es no saber, nadie sabe nada (04:50), no es necesario saber, lo sabés, solo esta pasiva entrega de la humanidad, esta renuncia grandilocuente y oscura de mi espíritu, esta suspensión de los latidos, ahora que han pasado cosas indecibles, ahora que Juan se fue a buscar otras cosas, triunfante y derrotado, quién sabe, ahora que tengo que cargar con una pequeña piedra azul que pesa toneladas de cobardías, galones de conformismo éticamente justificable, oratoriamente entendible, ahora, mi vida, justo ahora (05:37), silencio, estúpido silencio, idiota, bobito, turulo, paparulo, silencio (05:50) que debería aturdirme y sacarme del ensueño sin sentido, esta idea de que la puerta de mi habitación conduce directamente al balcón del departamento donde vivís con tu hermana mayor, tan linda Carolina, pobrecita, donde me aparezco para decirte la verdad entera, desde algún principio pronunciable, ya sabés, no, no sabés, yo no sé, la verdad, pero ves prefiero creer que lo sé o prefiero creer que no lo sé, parece no importarme algún destino que fuese cualquiera y que se pudiese tomar por las puntas y zamarrear como una bandera y que los colores se mezclen y sea otra bandera y sea otra cosa (07:02), qué frío, che, qué frió, ahí el río, yo acá, ahí el río, yo acá.
Rosario, septiembre de 2003


Me imagino una tarde otoñal, de esas donde hay viento fresco y donde el sol cada tanto te regala una tibia caricia.
Me imagino caminando mirando para arriba, los adoquines de Montevideo.
Caminando y bailoteando con la música.
Me imagino todo listo como para un peli.Pensalo.
Bs.Vs. M.P.M.