Sigo buscando la melodía de mis oraciones; a veces con una tonta argumentación estética, a veces fatalmente destinadas a escribirse mal, a decirse sin por qué ni para qué, a nacer brutalmente puras. Normalmente confundidas, mezcladas o reprimidas en artículos pintorescos que con amor paternal escribo para otro blog que tengo.
Pero escribo. Escribí siempre.
Palabridades es un medio. Seguramente el último escalón que treparán las perras negras hasta alcanzar un rayito de luz o un hilo de oxígeno que les devuelva el alma, que las justifique. Porque, siendo sincero y estúpido, cuando escribo para llenar de archivos mi propio disco rígido, lo que abunda es el egoísmo y la vanidad mal entendida.
Pero escribo. Escribir, escribo.

